miércoles, 27 de julio de 2011

Algo para meditar

Si amaneciera con la mente en blanco, en un estado de amnesia total. Sin poder recordar desde el dónde estoy, tan común de las películas o novelas, hasta el  angustiante: ¿Quién soy?

Ese quién soy, que no sé descubrir y al que debo ir conformando con las nuevas estructuras que personas cercanas, intentaran ir ofreciendo, para ayudarme a recordar al que fui consciente y que aunque no recuerde, sigo siendo.

Sin embargo al no saber, seré el que la gente diga que soy. Y tendré que aceptar la manera en que el tiempo ha ido armando en otros este yo que hoy se ha borrado en mí.

La mente insertará nuevos recuerdos, donde hubo y han quedado bloqueados y destinados al olvido. 

Los amigos superaran el trauma original y me atosigaran de imágenes de infancia o adolescencia, los tan conocidos, cuando entramos a la secundaria éramos así o de tal manera. 

La esposa se acercará a nosotros como siempre y tendremos esa angustia lógica de no saber qué hacer en tales casos, el abrazo y el beso, la enamoro, conquisto de nuevo.  

Con la identidad alterada en lo más profundo de su psiquis ensayaré una suerte de construir nuevamente, desde el punto actual.

Tendrá la mente que aceptar que no hay recuerdos y empezar a vivir solo el presente.


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