domingo, 18 de septiembre de 2011

60 # 4505 altos. Playa

Cuando estudiaba en el Tecnológico, me toco hacer un ensamble de maderas, que se usaba para dibujar sobre él las piezas que luego tendría que elaborar.

Le pedí un día a mi Profesor instructor, me dejara quedarme con una de aquellas tablas.

Una vez me encontré por la calle un pedazo de reja, como de metro y medio, tirada en un solar. Me gusto y me la llevé a mi casa.

Mi habitación de la casa de la Habana, tenia tres metros de largo por dos y medio de ancho , fue habilitada cerrando un balcón, con ventanas conocidas como tipo Miami. Tenia una cama de dos colchones muy cómoda.

Justo al frente, se abrían las ventanas, en dos hojas hacia afuera ,lo que permitía una gran entrada de luz y ventilación. 

Esa fue mi habitación desde abril de 1967 hasta el amanecer del 28 de octubre de 1984, que partí hacia México.

La reja la lijé y pinté de negro brillante. Y la coloque de cabecera de mi cama. En las paredes puse ménsulas y tablas de pared a pared y las llené de libros. En una esquina una pequeña mesa plegable, donde tenia mis cosas de pintura , pinceles y espátulas, dentro de un bote de barro. La pared pintada en ese espacio, con una pintura de metro y medio de alto por uno de ancho. en las demás paredes, fotos, recortes, y óleos míos, de pequeño formato. 

La madera que me regalo mi Profesor, media unos 60 por 80 cm. Me servía de soporte para sentado en la cama, escribir durante horas, poesías, cuentos y sucesos de la vida diaria de aquellos años. De todo eso creo que no queda nada. 

Conservo un busto de Marti de los hechos en 1953, para el Centenario de su natalicio. Ha viajado conmigo por innumerables lugares. Como si fuera amuleto de la buena patria.

En ese cuarto compuse y descompuse mi vida en muchas ocasiones, ame y fui amado, era mi espacio querido mi guarida de artista, mi estudio, el lugar que me permitía, sentado en el borde de la ventana, mirar hacia la calle y ver a la distancia una línea discreta de mar. Y a mis vecinos pasar y saludarme con cariño.


Sentado en esa ventana escuché por primera vez a los Formula V. Y también vi irse a vecinos  queridos en el éxodo del Mariel. 


Muchas olas de amor se rompieron contra mi pecho en ese recinto, repleto hasta el techo de arte y literatura.
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