lunes, 6 de diciembre de 2010

Para un público que desconoce lo que es una dictadura comunista.

Me acaban de regalar, aquí en San Luis Potosí ,con mucho amor, un libro que celebra el centenario del nacimiento de Lezama Lima.  Una niña linda, escribe unas palabras a manera de prólogo. Mi propio concepto de un prólogo para tal libro no hubiera sido públicado en modo alguno.

Me gustan las niñas bien que hablan de poesía y poetas. A mi entender lo hacen correctamente. Escribir de Lezama es soltar a los ojos del lector inexperto, todo el silencio que guarda el hombre, es lo que espero que sepan los lectores que desconocen el tema mucho más que las frías palabras de un elogio técnico que para la dimensión del poeta resulta innecesario.

Lo único que le faltó a la dictadura cubana,  en su animadversión y homófobia, fue cerrar Trocadero e impedir a fuerza de rufianes con pancartas y blasmefias el paso hacia el refugio del poeta.

Si no lo hizo de facto, creo un circulo de fuego tan sutil y pernicioso que dejo al creador exhausto y tímido para darse entero a la razón de su talento y su valía.

Contra los que impiden la libertad de expresión y asumen convertir a los intelectuales en simples marionetas, deben luchar entonces los hombres, como luchan los grandes contra los molinos y sus secuaces los oportunistas.

Tuvo la desgracia Lezama de ser grande en la libertad de su creación, en la época más reprimida del pensamiento nacional  y era tal su talento que los  incipientes tiranos temieron como ninguno antes en la tierra de Marti, a las palabras que un poeta pacifico pudiera escribir o decir en un recital a sabiendas, no tan ignorantes al cabo, del fuego que tiene quien domina el arte de Homero y de Quevedo.

Me temo que después de largos cien años, la memoria de Lezama este siendo lavada con paciencia y esmero por la clase servil de los que conspiraron para silenciarlo y servirse del convite centenario para, ahora autorizados, decir y pregonar las virtudes literarias del que alguna vez fueron amigo y por esos azahares del trepar dejaron a su suerte abandonado.

La ruindad de gente, que aún vive de las letras cubanas, no merece tan siguiera ser nombrada. La historia
los ha puesto en lugar merecido , sus pobres talentos  han muerto sin el reconocido mérito que osaron negar al maestro.

Lezama, fue un amiguero nato, converzador profundo y cubano como el que más. Murió solo y olvidado.
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