miércoles, 8 de febrero de 2012

Pequeñas Liturgias. Edward Pasewicz. Polaco

Ahora, al quemar la ropa y los papeles 
y hace diez grados bajo cero, nos adentramos 
en esta blancura como si fuera una enorme almohada
Para los que miran desde arriba ( si estos existen)
somos seguramente viles criaturas que
crean negras manchas, lloran ante ellas
y añaden cosas al fuego para que la negrura sea
aún más negra.
Para ellos es un poco ilógico.
Preferirían todos estos alados movimientos
en una vara , poner los ojos en blanco,
rubor en las mejillas, que se erizarán las plumas
y un lamento vespertino; Y aquí nada de esto
la función es ascética como una liturgia
zen. La negrura, el blancor de las manos y los harapos.


En algún lugar de occidente el gran buda rojo
Amithaba sonríe y murmura
que todo es cuestión de la ente.
Nos liberamos de objetos prescindibles,
así de sencillo, así de sencillo, pero los objetos,
los sentimientos, toda esa vida no es esto.
Existe también la memoria
"Y todo este cenagal con el dinero"
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