lunes, 15 de agosto de 2011

Cuba vista a través de sus películas.



Mucho a llovido, como dice el dicho, desde aquella "Lucia", de los años 60´s. Exponente fiel de la imagen critica que se intentaba proyectar sobre el curso de nuestra historia,  desde el punto de vista revolucionario.

Si alguna manifestación humana expone más fehacientemente el modo de comportarse de una sociedad es la cultura. Y a pesar de estar en el ojo de la censura es la cinematografía una de las vertientes más características de tales procesos.

La etapa revolucionaria en Cuba se puede seguir fácilmente si asistimos a una retrospectiva de sus filmes más populares.

Los años sesenta, nos dieron un cine que aún se hacia en blanco y negro. Con películas que alimentan sus temáticas en conflictos sociales, donde el personaje principal es el viejo estereotipo del capitalista defenestrado, el pequeño burgués que anhela regresar al periodo anterior y vive como pez fuera del agua, debido a la evolución de una sociedad que lo ha superado y convertido en paria, sin poder lograr asimilarse.

Los setentas se caracterizan por resaltar los valores de los revolucionarios y patriotas anónimos , aquellos exponentes que surgían del pueblo para defender logros de un proceso que nadie entendía hacia donde iba, pero que muchos tenían la esperanza o el deseo genuino que fuera para bien de todos.

En tiempo real el final de los años 70 fue un despertar colectivo, por un lado el Gobierno urge al ICAIC , a preparar la avanzada de un plan fríamente calculado de unificar a la dividida sociedad cubana de la isla y de Miami, con miras a  sacar ventajas económicas, creyendo tener un control sobre las políticas.

El resultado se aborta y entramos de lleno a una década del ochenta con una temática totalmente distinta, siendo enfocada  la liberación femenina, restos de machismo y la visualización del homoxesualismo de un modo diferente , ciertos temas hasta el momento tabúes se plantean de forma velada y sin la profundidad requerida dando la impresión que se trata de quedar bien con Dios y con el diablo.

Los noventas es una de las décadas más convulsas en la historia cubana, el discurso oficial se deslinda del comunismo a ultranza . Los acontecimientos sucedidos en toda la Europa socialista y en la misma extinta URSS, hacen que Marti y el nacionalismo sean los ejes rectores de un proceso que tiende a mantener a como de lugar las riendas del poder. Se institucionalizan las brigadas de golpeadores oficiales de la dictadura, bajo el esquema utilizado en el año 1980 , y que sembró el terror en las personas que decidian irse del país. Se politizan y eficientan y se les dota de un salvoconducto para golpear.

Es notorio sin embargo que las películas de esa década ya transitaban hacia una expresión decadente en el vocabulario, la temática y los recursos, teniendo que hacerse la mayoría de ellas en coproducción con otros países.

El nuevo siglo arriba con temas recurrentes y una visión del entorno en franco deterioro, los diálogos se empobrecen, no hay película sin trasfondo político y nadie es capaz de ofrecer un poco de luz en un horizonte que se ofrece lúgubre y sombrío, se trae de vuelta el viejo recurso del sincretismo religioso y se explota el lado nunca logrado de la sensualidad en el cine nacional, aspecto que muy al contrario de lo que se pueda pensar del cubano , no logra cuajar en sus películas.

Las últimas entregas que he visto continúan girando en torno a la descomposición social , el oportunismo , la falta de convicciones y la necesidad de buscar allende sus costas el porvenir que les ha sido imposible en mas de 52 años de cine y revolución. Es un cine hecho para entretener que debido al momento histórico que se vive se convierte en denuncia y frustración


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