miércoles, 20 de abril de 2011

Filosofía del Optimista. Fayad Jamís

El optimista se sentó a
la mesa, miró a su alrededor
y se sirvió un poco de lo poco que halló. Le
dijeron
que había demasiado nada (en realidad había pocomucho)
pero él
devoró su ración sin hacer comentarios,
abrió el periódico, se fumó su café y
acabó
de cenar en paz. Pensó: tengo derecho a comer con alegría
lo
pocomucho que me gano mientras llega la abundancia.
Sin embargo seguían
hablando de todo lo que no hay
no hay no hay no hay. No hay esto ni lo
otro.
Pero el optimista se levantó en silencio
y otra vez recordó aquellos
años en que sólo comió
lágrimas. No había nadie para decirle no hay sopa o
bistec
o tome un pedazo de pan duro para el perro de su hambre,
pero jamás
de sus dientes salieron discursos.
Y ahora estaba satisfecho de la cena
frugal. El hombre
salió a la calle y echó a andar mientras silbaba.
Las
luces eléctricas le recordaron el porvenir
Publicar un comentario