miércoles, 27 de abril de 2011

Algo de mis recuerdos de la Campaña de Alfabetización en Cuba

A veces amanezco recordando infinidad de cosas, tal vez provocadas por un sueño en especifico o afloran con cualquier remembranza pedazos de una infancia que viví a retazo. Imágenes mas bien  que pasan presurosas.
"Si en un beso la vida me diste y enlutaste mi fiel corazón", tengo predilección por Lecuona, mi madre me dijo un día que era zurdo, cosa que me hizo pensar que no eramos anormales los que usábamos la mano izquierda para escribir o comer, o tocar algún instrumento musical .
La escuchaba  interpretar al piano aquellas difíciles melodías y me ha  quedado el gusto por sus hermosas composiciones.

Crecí con la Revolución, cada día La Habana se vestía de algo distinto, gritos y consignas, lapices amarillos enormes, trajes deportivos y marchas por la Plaza, mi madre feliz , con sinceridad de vocación.

Una mañana amanecimos viajando de Santa Clara a Trinidad, una de las primeras Villas fundadas por los españoles en Cuba. Mi madre acaba de ser designada Jefa de una Sección de Brigadistas "Conrado Benitez" y se dispone a ir a vivir a la casa de los campesinos que le ha sido asignada.

Ella tiene la encomienda de ir a Coordinar a un grupo de maestros  y ademas alfabetizar a una familia completa.



Y entre labor y labor comprobar que son ciertos los rumores que le han llegado sobre una relación de afecto entre mi padre y otra señora.

Mi padre acudió al llamado del Sindicato para formar las Brigadas "Patria o Muerte" y  le tocó un territorio que por "coincidencia" era contiguo al de mi madre.

Mis padres se casaron en 1955, y su relación después de sufrir altas y bajas se deshizo para 1961, justo en la  etapa que relato de la Campaña de Alfabetización.

Mi padre obrero de la industria del calzado se incorporó por su cuenta al llamado de la Revolución, mi madre lo hizo por su vocación de maestra. Y por su calidad de personaje del MINED le otorgaron la responsabilidad de dirigir a un grupo de compañeros maestros en una de las zonas más complejas de la Sierra del Escambray, donde se libraban enfrentamientos entre las tropas del gobierno y los rebeldes en contra del mismo.

Viví en los campamentos, dormí por primera vez en mi vida en hamacas de saco de yute, mi padre me paseo a caballo, me bañé a jicarazos y disfrute y padecí de las mismas enfermedades que los niños de la casa.
Recuerdo una temporada donde la "ceguera" nos invadió a todos y amanecíamos con los ojos llenos de lagañas y  la señora de la casa y mi madre nos enjuagaban los ojos  con cocimiento de  vicaria blanca.

A los once meses concluyó la faena de enseñar a leer y escribir a todas las personas que deseaban ser alfabetizadas.

Volvimos empercudidos y prietos por el sol y el trabajo del campo. Mi madre con la certeza de su divorcio .  No volví al pueblo aquel  donde el rió era transparente y la casa de guano y piso de tierra pulido con ceniza. Donde en la noche los alacranes bajaban por los maderos y la vida empezaba a las cinco de la mañana.


Entre ellos y como una más mi madre alzaba su lápiz amarillo en la Plaza el día de la Clausura de la Campaña de Alfabetización, con su farol chino su pantalón verde olivo y su blusa azul.
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