viernes, 1 de marzo de 2013

Öscar Wong. El Secreto del Verso. Por Jade Castellanos.


Óscar Wong, El Secreto del Verso

Aún recuerdo, como si fuera ayer, aquél día en que inicié mi curso de poesía con el Maestro Óscar Wong. Fue muy dinámico, vivencial y gratificante. En él, nos pidió como libro de apoyo esta joya que hoy, a varios años de distancia, presento con gusto: El Secreto del Verso. Manual para la enseñanza-aprendizaje en los talleres de creación poética.
            De la mano de este libro, realizamos infinidad de ejercicios. Por cierto, me parece muy atinado el sutil cambio en el subtítulo del texto. De manual de apreciación a manual de creación poética.
            Ciertamente, es difícil ser maestro, no sólo es una profesión; es una vocación, un llamado para la docencia. Ser maestro de creación poética, ¿cómo se enseña eso? ¿Se puede lograr que el alumno no sólo disfrute la poesía, sino que además sea capaz de producir sus propias obras?
            Muy en la onda del constructivismo, Óscar Wong apuesta por convertirse en un facilitador del conocimiento, en un guía cuya labor titánica ha rendido frutos en los talleres de poesía.
            El libro, compuesto por 11 capítulos, aborda diversas temáticas, desde la misión de talleres y talleristas, hasta un apéndice antológico extenso y profundo que nos permite conocer, aunque sea someramente, una serie de autores vitales por su calidad poética.
            El Secreto del Verso está destinado a convertirse en un clásico en lo que a textos de enseñanza de poesía concierne. Su lenguaje es franco, atinado y accesible, además, permite conocer los principales conceptos del género; encontramos verso clásico, blanco y libre, cuestiones de métrica, ritmo y rima, diversos recursos estilísticos, ejemplos y explicaciones, entre otros.
            Recuerdo que en nuestras clases siempre decía que Adán había sido un poeta en tanto que nombró al mundo. Esta labor sui géneris se repite en cada poeta que bautiza su entorno desde su particular interpretación del mismo. Ya lo dijo Vicente Huidobro, el poeta es un pequeño dios. Es un pequeño dios que crea y transfigura la palabra desde su nada ingenuo oficio. El poeta es testigo de su tiempo, vidente que rememora el tiempo pasado y se lanza al futuro en una suerte de prolepsis lírica. No será sin valor el testimonio del poeta; al contrario, queda su huella en cada época de la historia.
            Por tal razón, un libro como El Secreto del Verso, resulta imprescindible en una generación que, según Gilles Lipovetsky, está emparentada con Narciso. En efecto, cada generación, en su opinión, se caracteriza por la similitud con algún mito. Actualmente, Narciso nos invade. Cito: “El narcisismo designa el surgimiento de un perfil inédito del individuo en sus relaciones con él mismo y su cuerpo, con los demás, el mundo y el tiempo, en el momento en que el capitalismo autoritario cede el paso a un capitalismo hedonista y permisivo (…) se extiende un individualismo puro, desprovisto de los últimos valores sociales y morales”. (Lipovetsky, 2005, 50) Es precisamente en este contexto que inaugura la posmodernidad (Íbid), que llega un libro con temática etérea y cuya génesis, en su sentido original, nos habla del origen: el Verbo, la voz capaz de crear y re-crear el mundo.
            La poesía, tal como la definió Wong miles de veces en sus clases, “el espacio sonoro entre dos silencios”. Aquello que da sentido al mundo. A eso está dedicado a este libro.
            Considero que, como manual, el libro cumple en cuanto a estructura y contenido, sus propósitos y objetivos están bien delimitados. En base al sistema ADDIE (por sus siglas: Análisis, Diseño, Desarrollo, Implementación y Evaluación) observo que Óscar Wong planificó realmente esta obra, la diseñó tras reflexionar hondamente, y eso, aunado a su vasta experiencia, le permitieron desarrollar con éxito en sus talleres lo que plantea en el libro. La implementación la lleva a cabo constantemente en sus talleres, en donde la evaluación puede efectuarse mediante los poemas escritos por los talleristas. Es posible adaptar el modelo que Wong propone.
            Por otra parte, es importante destacar el narrador del texto; Óscar Wong funge como maestro cada página, no permite que decaiga en ningún momento la intensidad y la secuencia, de manera que esta obra se lee acompañado, sí, por el vate o druida en que se yergue el poeta chiapaneco. En torno a esto, se dice que no hay distancia entre autor y lector. Según Tzvetan Todorov, “esta dependencia confirma la ley semiológica general según la cual “yo” y “tú”, el emisor y el receptor de un enunciado, aparecen siempre juntos. (Todorov, 2002, 191) Nunca más cierto que en El secreto del verso, donde gracias al poder discursivo, es posible sentir cerca a Óscar Wong, como un maestro que nos alecciona o motiva; su apoyo es siempre constructivo y creativo. Por todas estas virtudes, sé que esta obra auxiliará a muchos aspirantes a disfrutar y crear poesía.
            Para finalizar, este texto nos permite conocer lineamientos, bases, normas de la buena poesía, pero más allá de eso, su existencia se agradece porque nos permite aspirar a alturas grandiosas, saborearlas y sentirlas. Decía Roland Barthes que “leer realmente es, pues, entrar en connotación”. (Barthes, 86) Desde esa apertura y perspectiva, es que yo los invito a disfrutar este libro, pues nos acerca al conocimiento y creación poética, pero ante todo, abre sus puertas a un imaginario único y portentoso, que es la voz de los autores iluminando el silencio.
Jade Castellanos
26/ febrero/ 2013

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