domingo, 31 de marzo de 2013

Que venga


Cada silencio abruma 
Delirante abrazar a un niño que no se deja
porque falta en la soledad de los brazos

Mas allá de últimos instantes traspasado el tiempo

separados cuerpo y alma, sabré entonces de los misterios
en las caricias que nunca fueron

Cada silencio advierte nuevo amanecer radiante

desde el otro lado del mar la gente no puede ver mis ojos
si lloro, cuando digo que sonrió, reír cuando estoy llorando

La intensidad frenética al recordar  labios mordidos y sedientos

Mi sangre, viajera explosiva que amenaza estallar  

Inconclusa la obra, que venga. Al cabo la he amado tanto, tan profundamente


Que puede ser de otros y besar mil gentes diferentes

 y aún siento la espera quemar dentro


Obra del Mtro. frances Claudio Enrique Bartoli. San Luis Potosí. 
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