domingo, 14 de noviembre de 2010

La tarde de un día cotidiano


La tarde amerita mirarse en el espejo para concebir mañanas
exige cancelar de un tajo la promoción del odio
 se contempla presa  la intensión honesta
Nos hubiera salvado la trampa del lenguaje
 prefiero mirar hacia otro lado y saberme desnudo
pobre perro que cruza despavorido la autopista
los transeúntes inician veloces sus apuestas

Queda dentro de mi una terrible sensación
vacío de ideales vuelvo a contemplarme 
en las noticias impuestas en la tele
 para decirnos que la vida no vale nada
mientras un rostro hermoso intenta
vendernos el último blackberry



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