lunes, 6 de octubre de 2014

Oyá. Poema de Daína Chaviano Díaz. Cubana.


Mi madre tiene la falda turbia como un amanecer.
Separa las piernas y sabe morir con la luz
cuando cae la tormenta.
Yo soy su silueta albina
en la fisura de los mundos sacrosantos.
Me postro a su sombra como una esclava nueva
que sólo obedece los rituales de la fiebre.
Ella aparta un ciprés y da paso a sus hijas:
es la lechuza endiosada en las ramas de la noche,
la madrina segadora de lo oculto
que se cubre con un manto de ocre amado.
Siempre adiviné sus pulseras delirantes.
Su sendero malva lo llevo en mis sedas.
Soy la sibila que se desboca
como una demencial profeta por las calles.
Aliada de mi impunidad que ninguna maldición ha profanado,
señora de los caminos abiertos a los puros,
sé que puedo andar en secreto por el vientre del monte
y expurgarme los vampiros que salen a cazar.
Mis cabellos ancestrales sacuden las tinieblas
para espantar hechizos.
Muerdo mis labios de ciruelo y sueño el mandato de la prenda.
Tengo el cuerpo de una paloma caliente y temblorosa:
yo soy como la espuma a pesar de mis crines negras.
Tú me enseñas la realeza que llevo bajo la piel.
Bruja del trópico, extranjera nuestra:
aquí estoy para tus coplas de santísima hechicera.

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