domingo, 4 de mayo de 2014

La calle de los perros

Mi calle es adorno en la memoria 
un cocuyo inquieto sujeto a faldas color infinito
beso furtivo que arena los ojos 
algo dentro que se rompe y nace de continúo
Perros que ladran y se huelen hasta conocerse
tropa reluciente que navega la acera líderada 
por alguno más gallardo y bravo que los otros
bocanadas que se escuchan desde el fondo tibio 
de una hembra descompuesta
luna que escondiera la cara en la penumbra
detrás de alguna nube pasajera
lo feo, sucio o no agradable
al volver mostrase maquillada
para recibir al visitante
Se queda en el fondo delgado de una caja
cubierta de lágrimas que bostezan a la espera
Hilo delgado que deshace cuanto toca
pequeño suspiro que atraviesa plazas 
junto al río y el ferrocarril
en la ciudad que fue

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