sábado, 22 de enero de 2011

Recital . Itzayana.









A manera de agradecimiento. 

Hay mucha fuerza en la mujer que duerme, potentes fuegos  en su seno, quizás estas líneas lo demuestran . Me complace traer a mi humilde casa los versos emotivos y cálidos de una escritora novel que lleva un tesoro dentro. 








La mujer dormida
tiende su vestido bajo las estrellas
canta y acomoda sus medias
en la cuerda de fuego
la mujer dormida
camina despacio
 para abrazar la lluvia que se acerca
entre truenos que mojan su ventana
se asoma desnuda
peina sus cabellos expuestos al recio viento
se baña con la lluvia que recibe
besa al aire
 al cuerpo que aparece tras el árbol
lo baña
lo acaricia
lo besa
prueba todo sabor
debajo de su lengua
reconoce lo más dulce
placentero

Ella sabe que la noche termina

la mujer dormida
regresa
se adentra en sueños
y espera











Un lago se come la noche 
refleja  cuerpos medio muertos
flotan corazones en forma de destellos
 casi nada rescatable
empapados de soledad

A qué sabrá el polvo de la muerte
que encierra en sus tumbas 
lo que no pueden poseer

Algo se consume de madrugada
ojos de muchedumbre
que juzga y señala 
apenan al más pobre
mientras escurre sangre de sus manos
por aquel camino de cristal roto
que aman 

Hay pies en las cabezas
de repente cambian de dirección
la mano del alma les abofetea
los sujeta, caen y vuelven a cambiar
hay pies en las cabezas, lo he visto
en el reflejo del último cristal











Vuelve la noche
se que te soñaré
a quién culpo
a mi cuerpo
a mi pobre ser

Vuelve la noche y sé
que te soñaré
a quién le cuento
a quién le digo
que con tus sombras
hago el amor











 Haz de mi cuerpo tu música
no digas no esta vez
mira mi fuego
mira como me consumo
no dejes secar mi jardín
no quiero las palabras gastadas
quiero aquellas que se alojan en rincones preferidos
no digas no esta vez
hay oquedades a la espera
vayamos bajo de la luna
lloremos si tu quieres
no me dejes quebrar de ardor bajo este frío 











El Aire de aquella ciudad
huele a cal y a humedad
  la lluvia de la montaña
arrastra los ojos de algún paria
dónde está el cuerpo
dónde sus entrañas
Alguien con voz lastimera dice:

El dijo que era pecado
que penaba
que ofrecía toda su carne a esa montaña










Danzan encima de tu ser los pensamientos
a manera de pétalos
la melodía nocturna llega 
desea ser parte
renacer en una rosa
adornar tu mesa solo una noche
transformarse en mujer si llegases a tocarla
pensamientos que vuelan a manera de papel
dejan el pasto regado que observa silencioso
mientras tanto se detecta más de un aire en cada noche

Guardo en cada hilo de mis prendas tu ausencia
sonrió un poco
escondo cada episodio de estos sueños
en el cofre de tus manos 
que aprisionan mi sombra







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