martes, 12 de agosto de 2014

Cruzo el umbral del cuarto como quién cruza el mundo
polvo de años forma pequeños mapas 
Luego en las tardes, aburrido gusto descifrar
dando paso a lo maravilloso del pensamiento
descubre la imaginación pueblos olvidados
siluetas de mujeres confesar que nunca han pensado esto o aquello
Al pasar, una mosca sigue el devaneo automático de los ojos
idos tras una línea de agua que arma orilla de playas
donde unos amigos se  retan a cazar gaviotas
en cumbres saladas 
Pienso en los brotes infinitos de las enredaderas
que ponen a los hombres en distintos lugares
vueltos fichas de un juego sin nombre 
pero tan jugado por el tiempo
a unos de un lado a otros del otro
tan distantes que no pueden verse las manos
mucho menos las intenciones
esas que por más cerca que se esté 
siempre son desconocidas
Aquellas pequeñas cosas del camino que fueron
dispersadas como nosotros
hasta volverse carne de  olvido

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