miércoles, 14 de abril de 2010

El escritor tras la poesía.


Alguien leyó mis poemas y expreso que tienen una rara melancolía, otra persona comentó que le gustan, pero son muy tristes, ayer, alguien a quien respeto profundamente sus opiniones, dijo que tienen un aire de resentimiento.

Seria agradable disertar sobre el trasfondo de los poemas. Pero no deseo hablar sobre otros que escriben poemas. No he estudiado a profundidad las cuestiones que provocaron en Poe, en Paz, en Neruda, tanta bella poesía, incluso no me atrevería a indagar los mundos interesantísimos de Martí, cuando escribe: “despacio la tendería, callado la besaría”.

 Y ciertos versos del cubano, me llegan muy hondo, me sensibilizan y perturban mi calma. Me remontan a situaciones emocionales, afectivas y de otras índoles, a épocas de su vida, donde lo siento muy desgraciado por las circunstancias tan difíciles que le rodeaban, empeñado en organizar una guerra que nos daría un país libre, un país democrático, no perfecto, pero si perfectible, y bajo esa presión, escribir páginas poéticas soberbias, y luchar contra pasiones y sentimientos que le mordían muy dentro.

 Luchar, debo decir, con gentes que como ahora querían tener una patria libre pero no eran capaces de hacer algo por lograrlo. El Apóstol de nuestra independencia, despojado de mitos y otras vaguedades y dogmas oportunistas, era un hombre, que se daba el tiempo para amar y amaba profundamente, quizás no como la sociedad de la época hubiera deseado para encaramarlo en la beatificación ridícula en que los hombres suelen querer empinar a los que sobresalen, sin embargo tiempo es, de que alguien preparado para tal faena, pueda ofrecer el lado sensible de un hombre extraordinario.

Contrapuesto al poeta cubano, me agrada señalar al gran escritor colombiano, José María Vargas Vila, Cóndor de la sagacidad y la pericia literaria, alma combativa y solitaria, peñón donde chocaron los mediocres y cobardes de una época de luces y de hombres  brillantes.

Que mundos fantásticos le inspiraron a escribir: Ibis, Flor de fango, Aura, que labios quemaron sus entrañas para sacar tanto fuego y pronunciar frases tan difíciles de asimilar, incluso respetando los cánones de la época: “el amor es alfa y omega, principio y fin de la existencia, por el nacemos, por el morimos, seamos fuertes para vivir sin el”.

Atreviéndose a parafrasear la Biblia, la palabra de Dios.

Estilos, personalidades, sucesos, vivencias. Por supuesto, y pasiones, torrente de pasiones que inmortalizaron las letras ofrecidas.

 Un resumen de dolor, sangre y lágrimas, humanas sensaciones, que los motivaron y gracias a ellas, pudimos un día leer y apreciar la magnitud de nuestros escritores, de los hombres que a fuerza de vivir con intensidad, nos legaron un patrimonio cultural digno de lo mejor del mundo.

Un zacatecano encomiable, Ramón López Velarde, con un verso de encanto, cimbrando el principio de un siglo que trajo de cabeza al México legendario, y entre el bullir de la efervescencia revolucionaria escribe versos que rompen las reglas literarias establecidas, que dolor pondría en su corazón la pena de Fuensanta, y solo nos es dable imaginar a través de la rasgada pena de un poema.

Un canto hermoso y dulce como su nombre, donde ensalza las virtudes de la patria amada, por sobre tantas otras amadas y sin lugar a dudas es valido pensar que incluyéndolas, le cantó con admirable verso a su Dulce Patria.

Que atmósfera puede inspirar un poema, que suele a veces leerse desde varias posiciones, según sean las vivencias o las intensiones, que el público reciba al leerlo.

Acaso el llanto ha de inspirar poemas alegres y la alegría poemas tristes, ante el recuerdo de amores o desamores, se pronunciará el poeta con sentimientos encontrados. Pero sinceros, acordes.

La profundidad del pensamiento y la intensidad de los asuntos que hacen saltar a palabras las vivencias, suelen a veces, sin querer, no estar ni remotamente cerca de los verdaderos sucesos. Resultan muchas veces insuficientes las palabras y se opta por la más cercana, alguna adecuada o aproximada, la mejor imagen, el mejor ritmo obliga a sacrificar la palabra correcta por la palabra que rime u ofrezca la imagen poética más atractiva.

Entregar al lector la frase poética sin pulir debería dar la medida de la sinceridad máxima del autor. En contraposición al maquillaje excesivo de aquellos que repasan y trabajan con demasiado esmero la frase poética, que recalientan el verso. Sin embargo todo es valido, todo es aceptado al cabo. Aunque se note la maquila abundante y la palabra rebuscada.

Siendo la poesía lugar sagrado donde van a beber todos los que de un modo u otro se nutren de su vital liquido, a pesar del cuidado que pongan en acercarse a ella y la pulcritud del proceso para hacerla mas o menos bebible.

Incluso sin apartarme de la forma metafórica, la calidad del agua ofrecida. A sabiendas de quienes beben de manantiales cristalinos  a otros que prefieren el agua químicamente pura, recordando a Guillén, puaf!, sin el mínimo excremento de un ave.

Amigos, ni yo mismo sé que dispara en tanto mi deseo de ir por un papel o acercarme al mundo cibernético de la Internet y poner en una página al escrutinio de muchos, los pobres y sencillos poemas que escribo.

Si hay un dejo de nostalgia, de tristeza, si denotan resentimiento, hacia una dictadura que coarta la libertad, en estos pobres versos míos, si canto a amores que se perdieron o labios que no olvide.

Recuerden que no hago versos por encargo, ni prostituyo el oficio que ha sido orgullo de los amantes de la expresión más pura de la literatura.

Y que por sobre el más bello recuerdo de amor que se pueda tener, por sobre la mas bella de las poesías o la más hermosa de las mujeres, esta la libertad.

Respetando siempre el derecho que tienen otros a pensar diferente y decir lo que al cabo le trasmite un poema.




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